El ADN de Electrofil

ADN Electrofil

A menudo, visitando empresas, uno se topa con placas resplandecientes, posters vistosos o grandes tótems, resaltando la identidad del sitio por donde pasas. Esto no ocurre en Electrofil, pues su esencia se respira en el ambiente y se vislumbra en los comportamientos de sus empleados.

Sus valores corporativos se han mantenido con el paso de los tiempos y se honran en el día a día: el servicio de valor añadido y diferencial de la competencia como eje fundamental, la seriedad, puesta de manifiesto en el cumplimiento de lo prometido, la transparencia y honradez en la relación con clientes y proveedores, el trato humano y fraternal hacia sus trabajadores. Todo esto, que pudiera sonar a palabras rimbombantes, constituye el verdadero ADN de esta casa, ese mismo que se descubre en una plantilla comprometida y fiel; y que, por ello despierta admiración (y en ocasiones envidia sana) entre nuestros competidores.

Restándose mérito personal y atribuyéndoselo a toda una generación empresarial, bien insiste Don Herminio Gómez en que esta forma de ser y esta solvencia moral se han construido y se mantienen sólidas desde sus comienzos, gracias al esfuerzo de un equipo “inmejorable”, modelo de trabajo y referente en el sector. A riesgo de omitir a tantos otros, especial mención hay que tener con Guillermo Cobos, Rafael Bejarano, Joaquín Seija o Rafael Muñoz, cuya dedicación sigue de ejemplo para todos los trabajadores de Electrofil.

Pero claro, nada de esto tendría sentido si simplemente fuera un bonito recuerdo. Las expectativas sobre el mercado y sobre el futuro no pueden ser mejores, pues se parte del convencimiento de que “con el empuje de los empleados de una empresa familiar como esta” no sólo nos codearemos con las grandes multinacionales sino que lograremos llegar allá donde nos propongamos.